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Hipócrates: Fundador del primer sistema médico

En el año 460(A.C) nació, en la isla griega de Kos el fundador del primer sistema médico, HIPÓCRATES. Hipócrates falleció a la avanzada edad de 107 años. Observador profundo, escribió numerosos tratados en los que se recogió todo lo positivo de los conocimientos médicos de antiguas civilizaciones, suprimiendo lo que no eran más que supersticiones. Su principal reforma consistió en cambiar el criterio de atribuir a los dioses los fenómenos que se producen en el cuerpo humano, enseñando que éste depende de la fuerza vital y que los fenómenos biológicos están sometidos a leyes naturales y permanentes.

Para Hipócrates, la salud es el estado de armonía perfecto de fuerzas es su equilibrio. La enfermedad es la encargada de restablecer el equilibrio perturbado es, pues, una reacción de conservación. Salud y enfermedad son las dos funciones que tienen el mismo objetivo, la conservación de la vida. Consciente de que la salud es el patrimonio más preciado que posee el ser humano, Hipócrates lanza el conocido aforismo que prescribe:

"Que tu alimento sea tu medicina, y que tu medicina sea tu alimento".

Ya en el primer volumen de sus obras dice: "Mantengo que las investigaciones acerca del régimen son uno de los objetivos de la medicina más dignas de atención. Contribuirán mucho, tanto a los medios de restablecer la salud de los enfermos como a la conservación de la misma en las gentes que disfrutan de ella". El médico, decía Hipócrates, no cura las enfermedades. Su papel debe ser el de intérprete y servidor de la Naturaleza. Es ésta -Natura Medicatrix- la que lleva a cabo las curaciones; la medicina no hace más que ayudarla, y sólo así cura.

En sus obras, Hipócrates explica el fundamento de la enfermedad y la salud, que la ciencia moderna sólo empieza a descubrir. Por ejemplo, decía: "Dadme la fiebre y curaré cualquier enfermedad". Después de haber sido largo tiempo combatido como un enemigo, hoy la fiebre es oficialmente reconocida como un proceso de autodefensa del organismo. Para Hipócrates, el cuerpo es un todo armónico cuyas partes están en mutua interdependencia y cuyos actos son solidarios unos con otros. Las diferentes partes del cuerpo, decía, cualquiera que sea la localización primitiva del mal se lo comunican una a otra. ¿No es esta la teoría de las enfermedades reflejas, de la Reflexoterapia, de la osteopatía, de la Acupuntura e incluso de la Iridología? Alexis Carrel, en su maravillosa obra "La incógnita del hombre", dice que éste no puede separarse en partes. Si se aislaran sus órganos, unos de otros, el hombre dejaría de existir. Y todavía añade que el hombre es una magnífica máquina en la que cada pieza es indispensable para su total funcionamiento.

Hipócrates, conocido como "Padre de la Medicina" es el verdadero fundador de un principio, de una doctrina médica filosófica naturista que jamás ha dejado de existir hasta nuestros días, a pesar de todas las tentativas de la medicina oficial para destruir esta doctrina médica y humanista. Al practicar la Naturoterapía no se hace otra cosa que poner en valor los trabajos de Hipócrates, que han sobrevivido a través de los siglos.

Los conocimientos de Hipócrates, gracias a las conquistas de Alejandro el Magno, llegaron a Egipto, donde se formó la famosa Escuela de Alejandría con Herófilo de Calcedonia, y en cuya biblioteca se acumuló todo el saber de la Humanidad y, entre otros, los conocimientos médicos. En aquella época, más de medio millón de volúmenes se guardaban en dicha biblioteca. Esta fue parcialmente destruida por primera vez por un incendio, al ser conquistado Egipto por Julio Cesar. Más tarde, completamente incendiada por los árabes, que utilizaron los libros para alimentar las calderas de los baños de vapor.

La Humanidad debe al celebre médico griego Claudio Galeno (131-200) el haber salvado algunas obras sobre conocimientos médicos, que incluían las de Hipócrates, que sin él se habrían perdido para siempre.

La teoría según la cual la enfermedad se debe al desequilibrio entre los humores y la fuerza vital, que fue enseñada por Hipócrates y después por Galeno, se transmitió por los árabes, entre ellos Avicena (980-1 036), siendo perpetuada por Paracelso (1493-1541) y otros. Hoy este principio conserva su valor y empieza a ser mejor comprendido por las nuevas generaciones y, al igual de entonces, los dos principios oponen la Alopatía a la Naturopatia. Para el primero, como si la enfermedad fuese puramente local, lo importante es corregir el electo. Para el segundo, si hay un electo es porque tiene una causa, y es ésta la que hay que tratar.

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